
Ricardo Arriazu afirmó este martes en la convención anual de Camarco que, si Argentina logra sostener el rumbo económico y eliminar las crisis recurrentes de balanza de pagos, “va a ser cara”, y defendió una vuelta rápida a los mercados internacionales de deuda porque, a su juicio, “los planetas se alinearon”.
El economista, uno de los más escuchados por el presidente Javier Milei, dijo en el predio rural de Palermo que el país podría cerrar el año con un saldo positivo de la balanza comercial de 20 mil millones de dólares y con una cuenta corriente superior a USD 5.500 millones. Según su análisis, la mejora externa se apoya en energía, minería y agro, y podría ampliarse si se mantiene el actual escenario internacional.
Arriazu proyectó además que Argentina exportará 135 millones de barriles de petróleo este año y 225 millones en 2027. Si se sostuviera el precio promedio de exportación registrado en abril, las ventas externas de energía podrían crecer en USD 5.500 millones en 2026 y sumar más de USD 10.000 millones adicionales en 2027.
El economista sostuvo que ese cuadro, sumado a garantías del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y posiblemente de la CAF, crea condiciones favorables para volver al financiamiento externo. También señaló que empresas y provincias ya concretaron colocaciones récord de bonos y obligaciones negociables a tasas más bajas que las que consigue la Nación.
Arriazu sostuvo que habría regresado ya al mercado internacional. “Yo ya habría ido al mercado internacional”, dijo en la convención de Camarco.
Su argumento central fue que el principal obstáculo no es técnico, sino político. “La gente tiene miedo porque fuimos estafadores seriales”, afirmó, y agregó: “No importa quien gane las elecciones sino qué piensa la gente que van a hacer después de las elecciones; hay que recuperar la confianza”.
También mencionó que Estados Unidos aportó asistencia financiera durante la corrida preelectoral, junto con un acuerdo de swap y un acuerdo comercial y financiero que siguen vigentes. Según Arriazu, el mercado teme que cambien las políticas y, con ellas, las condiciones de ese respaldo.
Sobre ese punto fue explícito: “La gente no le da ningún valor”. Luego añadió: “Si viniera un gobierno con el mismo pensamiento político no habría problema”.
Arriazu ubicó además a las elecciones como uno de los problemas hacia adelante. “No es un problema del resultado. Yo, como analista, lo que tengo que ver es qué opina el mercado sobre la perspectiva futura bajo diferentes posiciones ideológicas”, señaló.
Al referirse a la apreciación cambiaria, Arriazu planteó que el encarecimiento relativo del país sería una consecuencia natural de un proceso exitoso. “Si la Argentina tiene éxito, va a ser cara. No hay manera de que no lo sea. El gobierno no maneja el tipo de cambio real, sino el tipo de cambio nominal”, afirmó.
Antes había repasado la trayectoria de las tasas de interés internas. Dijo que en los últimos meses registraron fuertes oscilaciones, aunque con tendencia descendente, y que hoy resultan negativas en términos reales, pero muy positivas cuando se las mide en dólares, que definió como la verdadera unidad de cuenta en Argentina.
Según explicó, durante los primeros meses del año la tasa fue excesivamente alta por la presión compradora sobre las divisas. Esa dinámica empezó a revertirse después de abril, cuando el Banco Central tomó medidas para facilitar la baja de los rendimientos.
Arriazu agregó que el riesgo país sigue siendo el más alto de la región aun con indicadores macroeconómicos favorables. Atribuyó esa brecha, sobre todo, a la incertidumbre sobre el rumbo futuro de la política económica.
Arriazu describió un cambio en la composición del crecimiento: los sectores que hoy avanzan, como agricultura, minería y energía, generan divisas y demandan poca mano de obra. En cambio, los que cayeron en el corto plazo, como la industria y también la construcción y el comercio, requieren tanto empleo como dólares.
“Esto plantea una situación que no había visto desde que soy profesional: un sistema en el que, de golpe, sobran divisas y falta demanda de mano de obra”, afirmó. Aclaró que la construcción va a crecer más adelante, pero remarcó que será cada vez más demandante de divisas porque no exporta construcción y necesita importar materiales e insumos.
Sobre el comercio hizo una observación similar. Dijo que el sector también debería expandirse en el futuro, aunque se convertirá en un demandante importante de divisas por la mayor participación de productos importados, en línea con el desembarco de nuevas cadenas en el país.
Arriazu sostuvo además que las compras de divisas del BCRA responden a un fenómeno monetario y aseguró que la autoridad monetaria modificó su política a principios de 2026. Señaló que el organismo lleva comprados USD 10.000 millones en lo que va del año y que las reservas brutas superan los 48 mil millones de dólares pese a los pagos de deuda.
Añadió que continúan las compras de divisas de individuos, aunque a un ritmo mucho menor que el del año pasado. Según su análisis, si Argentina elimina las crisis de balanza de pagos, podría duplicar su tasa de crecimiento.
El economista vinculó esa posibilidad con una transformación de la estructura productiva y con un mayor aprovechamiento de los recursos naturales. En ese esquema, destacó el boom energético, minero y agropecuario, y sumó el acuerdo con la Unión Europea, ya aprobado por el Congreso argentino y aún en proceso de ratificación en Europa, con impacto sobre exportaciones de miel, huevos y otros productos.
También pidió avanzar con India. “Argentina tiene que hacer un acuerdo de libre comercio con la India. La India es la nueva locomotora, está creciendo más que China y todavía tiene un enorme potencial”, opinó.
Para sostener esa expansión, Arriazu calculó que serán necesarias inversiones en infraestructura por USD 550.000 millones. Señaló además que un escenario de baja inflación y el desarrollo de fondos de financiamiento de largo plazo podrían expandir el crédito hipotecario e impulsar la construcción de viviendas.
Según su planteo, esa combinación permitiría que la construcción recupere el peso histórico que tuvo dentro del Producto Bruto Interno. También sostuvo que el ajuste habría sido políticamente más sencillo con otro signo partidario en el poder: “Australia e Israel comenzaron los cambios con un gobierno laborista. ¿Cuánto más fácil en Argentina hubiera sido si el ajuste y el cambio lo hacía el peronismo? Pero no lo es“.

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