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La mayor presencia de alimentos importados genera variaciones de precios y reconfigura la oferta para los consumidores

Algunos productos foráneos, como lácteos y conservas, se venden hasta un 30% por debajo de los nacionales, mientras que frutas importadas mantienen precios superiores respecto a la producción local, según relevamientos privados

La presencia de alimentos importados en los supermercados argentinos se intensificó de forma palpable en los últimos meses, impulsada por la liberalización del comercio exterior y la agilización de trámites para el ingreso de mercadería. Este cambio permitió no solo la reaparición de marcas extranjeras ausentes durante varios años, sino también un récord histórico en la importación de bienes de consumo, que llegó a USD 8.376 millones entre enero y septiembre de 2025, la cifra más alta desde 2004, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El fenómeno generó un notable efecto sobre los precios y una reconfiguración de la oferta para los consumidores.

Los datos finales aportados por el CEPA indican que las importaciones en el período mencionado superaron el récord anterior en USD 1.693 millones —récord que había sido marcado en 2018— y representaron un alza del 25,3%. El rubro de productos alimenticios experimentó un crecimiento interanual del 77,4%, explicando el 16,4% del total importado y ubicándose junto a prendas de vestir, que aumentaron 61,8%, y marroquinería, con una suba de 44,7%. Los artículos que registraron el mayor incremento fueron electrodomésticos, baterías y lámparas (248,9%), seguidos por motos, bicicletas y equipos de transporte (124,6%).

El despliegue importador se reflejó con especial intensidad en sectores como productos de almacén, bebidas y carnes. Marcas sobresalientes, como la uruguaya Conaprole, regresaron al país con manteca, queso crema, dulce de leche y crema de leche, revirtiendo una ausencia atribuida a las restricciones cambiarias y comerciales vigentes en años previos. También se amplió la presencia de frutas, verduras y carnes extranjeras, con excepciones notables como naranjas y mandarinas de España, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas que comenzaron a competir con la producción nacional, según el CEPA.

En carne vacuna, las importaciones alcanzaron una magnitud inédita. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en 2025 las exportaciones argentinas de carne vacuna descendieron un 7% en volumen, mientras que la importación superó las 17.000 toneladas, por las que el país pagó 73,8 millones de dólares. En contraste, en 2024 habían ingresado apenas 2.300 toneladas por un monto de 9,7 millones de dólares, lo que implicó un incremento interanual del 580%. Brasil lideró como origen, con 14.000 toneladas por USD 56 millones, seguido por Paraguay (2.070 toneladas por USD 9,3 millones) y Uruguay (814 toneladas entre enero y octubre).

Un efecto inmediato se observó en la góndola: el flujo de atún ecuatoriano de marcas como Bulnez y Máxima desplazó a las variantes locales, comercializándose a precios considerablemente inferiores y generando un mayor dinamismo en las ventas. Este fenómeno también alcanzó a las bebidas, con el retorno de cafés italianos como Lavazza y Viaggio —que recuperaron espacio— y cervezas como Itaipava desde Brasil y Landvik desde España, que volvieron a posicionarse en los segmentos premium y masivo.

El impacto sobre los precios varió según rubro y origen. De acuerdo con relevamientos privados, algunas latas importadas, cafés y lácteos se vendieron entre un 15% y 30% menos que los productos nacionales, mientras que otros alimentos mantienen valores similares o, en el caso de ciertas frutas como la naranja importada, incluso superiores a los de la producción local. El CEPA advirtió que la llegada de fruta foránea a precios altos coincidió con aumentos en los precios internos en el Mercado Central de Buenos Aires.

La dinámica importadora reabrió el debate en torno a sus efectos sobre la producción nacional. El Gobierno defendió la mayor competencia como una estrategia para contener precios y ampliar la variedad de productos disponibles. En contraste, diversos sectores de la industria alimenticia manifestaron preocupación sobre la presión que enfrentan las empresas locales, obligadas a competir con estructuras de costos y condiciones más exigentes.

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