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Riesgo país: por qué volvió a subir en Argentina y qué consecuencias puede tener

Luego del incremento, superó los 500 puntos básicos y alcanzó su nivel más alto desde mayo.

El riesgo país volvió a subir en la Argentina y superó los 500 puntos por primera vez desde mayo. Durante agosto, el indicador elaborado por JP Morgan había acumulado una suba significativa. El 13 del mismo mes se ubicaba en 472 puntos, después de haber avanzado más de 40 unidades durante las primeras semanas. Apenas cinco días después, llegó a los 500 puntos.

La pregunta relevante, entonces, no es solamente por qué subió el riesgo país, sino qué puede ocurrir si este movimiento se transforma en una tendencia persistente.

Los mercados globales atraviesan un período de mayor tensión en el mercado de deuda. Los rendimientos de los bonos soberanos de largo plazo de Estados Unidos y varias economías desarrolladas vienen aumentando, impulsados por una combinación de inflación, elevados déficits fiscales, mayor endeudamiento y riesgos geopolíticos. En Estados Unidos, por ejemplo, el rendimiento del bono a 30 años llegó recientemente a niveles que no se observaban desde 2007.

Para los países emergentes, este fenómeno tiene una consecuencia directa: cuando los bonos estadounidenses ofrecen una rentabilidad mayor, los inversores tienen menos incentivos para asumir riesgo adicional en economías como la argentina.

Es decir, Argentina no compite únicamente contra otros países latinoamericanos. Compite también contra el rendimiento que puede obtener un inversor manteniendo deuda estadounidense. En ese contexto, cualquier activo considerado riesgoso necesita ofrecer un premio mayor para resultar atractivo. Y Argentina, por su historial de defaults y reestructuraciones, es especialmente sensible a esos cambios en el apetito global por el riesgo.

A esto se suma la tensión geopolítica internacional y el aumento del precio del petróleo, factores que pueden alimentar nuevamente las expectativas de inflación y mantener elevados los rendimientos de los bonos a nivel global.

De esta forma, a pesar de la lejanía en kilómetros, la incertidumbre que reina sobre el estrecho de Ormuz afecta y mucho lo que ocurre en territorio nacional.

El frente local: el mercado empieza a exigir más certeza

La caída del riesgo país que se había producido durante los meses anteriores había reflejado una mejora considerable en la percepción sobre la Argentina. El indicador había llegado a tocar los 402 puntos en julio, desde donde comenzó el rebote.

Pero llegar a niveles cada vez más bajos exige demostrar que esa mejora puede sostenerse. En particular, el mercado observa tres variables: la capacidad de generar recursos fiscales, la disponibilidad de dólares para afrontar compromisos externos y la estabilidad política necesaria para mantener el rumbo económico.

Para que un país pueda endeudarse a tasas razonables no alcanza con que manifieste voluntad de pagar. También tiene que convencer a los acreedores de que tendrá los recursos necesarios para hacerlo.

En el caso argentino, esta cuestión adquiere una importancia todavía mayor porque una parte relevante de los vencimientos está denominada en moneda extranjera.

El propio programa financiero del Tesoro muestra que durante 2026 se han realizado distintas operaciones para administrar vencimientos y extender los plazos de la deuda. Entre ellas figura una letra vinculada al dólar con vencimiento el 31 de agosto de 2026, por hasta US$3.500 millones.

Esto explica por qué el comportamiento de las reservas y el acceso a los mercados internacionales tienen un peso tan importante en la cotización de los bonos.

Si bien falta prácticamente un año, en el horizonte ya se empiezan a vislumbrar las próximas elecciones presidenciales. Las alianzas políticas que se pueden ir formando y los resultados preliminares de las encuestas juegan un rol fundamental para los mercados ya que estos no esperan a que ocurra la votación para reaccionar: intentan anticipar los resultados y, sobre todo, las políticas que podrían derivarse de ellos.

Por eso, a medida que se acerca una instancia electoral relevante, puede aumentar la volatilidad de los bonos argentinos. El mercado comienza a preguntarse si la política económica actual tendrá continuidad, si se mantendrá el equilibrio fiscal y si el próximo escenario político permitirá sostener las reformas implementadas.

La cuestión no implica necesariamente una evaluación negativa sobre un partido o candidato determinado. Para el inversor, el problema central es la incertidumbre. Cuanto menos claro sea el escenario futuro, mayor suele ser la prima que exige para mantener deuda argentina.

El comportamiento de los argentinos también tiene mucha volatibilidad en años electorales. Con una inclinación muy marcada hacia el dólar, el mercado intentará anticipar las diferentes vicisitudes que puede ocurrir en los próximos meses.

¿Qué significa realmente que el riesgo país suba?

Si el riesgo país aumenta, los bonos argentinos tienden a caer de precio y, como consecuencia, aumenta el rendimiento que debe ofrecer el Estado para conseguir financiamiento.

Cuando el riesgo baja, el precio de los bonos sube, el rendimiento exigido disminuye y el Tesoro puede eventualmente acceder a financiamiento a menor costo. Si el riesgo sube, ocurre lo contrario: los bonos pierden valor y el costo potencial de emitir nueva deuda aumenta.

Por eso, un incremento desde 400 hasta 500 puntos básicos no significa que Argentina esté automáticamente ante una crisis de deuda. Pero sí indica que el margen de confianza del mercado se está reduciendo.

Si Argentina necesitara volver a financiarse en los mercados internacionales, una tasa más elevada implicaría pagar más intereses. Eso puede complicar la estrategia fiscal porque una mayor proporción de los recursos públicos debería destinarse al servicio de la deuda.

La Argentina viene intentando recuperar el acceso normal al mercado voluntario de crédito. Para que ese proceso sea sostenible, necesita que los inversores consideren que la deuda argentina tiene un riesgo suficientemente bajo como para aceptar tasas compatibles con las de otros países emergentes.

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