
La mora de los créditos a familias bajó a 12,8% en agosto de 2026, tras haber alcanzado en julio su nivel más alto en más de dos décadas. La reducción respondió a una caída real de los saldos impagos, aunque no alteró la morosidad total del crédito privado no financiero, que permaneció en 7,7%, según la consultora 1816 con datos de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
El retroceso fue de apenas 0,1 puntos porcentuales frente al 12,9% de julio, pero constituyó la primera disminución mensual de los saldos irregulares de los hogares en más de dos años. La cartera de créditos familiares, en tanto, creció 0,1% mensual en términos reales.
La tendencia de las familias contrastó con la de las empresas. La irregularidad de sus préstamos pasó de 3,6% a 3,8% durante agosto, una suba que compensó la mejora registrada entre los deudores particulares y sostuvo sin cambios el indicador agregado.
La mora total del sector privado se mantuvo prácticamente estable entre mayo y agosto de 2026, aunque continúa muy por encima de los registros de octubre de 2024. En aquel momento, los préstamos irregulares representaban 1,5% del crédito privado y el ratio de las familias era de 2,5%.
La consultora Analytica indicó que la cartera irregular de hogares en bancos y compañías financieras descendió en agosto desde el nivel de julio. El saldo en mora se contrajo 1,1% en términos reales, la primera baja de esa magnitud desde marzo de 2024, poco después de la asunción de Javier Milei.
El ratio de morosidad se calcula al dividir los saldos irregulares por el total de financiación. Por eso, la disminución no fue uniforme entre las entidades: el indicador de familias aumentó en agosto respecto de julio en 17 de las 30 principales instituciones financieras medidas por volumen de crédito a hogares.
La mejora también convivió con un nivel creciente de refinanciaciones. Los saldos refinanciados equivalieron en agosto a 3,8% del crédito total de las familias y a 0,8% del financiamiento de las empresas, ambos máximos para la serie observada.
Los hogares ya refinanciaron deudas por más de $ 2,7 billones. Esa reestructuración podría reducir los indicadores de irregularidad en los próximos meses, pero su impacto demora en trasladarse a las estadísticas de la Central de Deudores.
Un deudor clasificado en Situación 3, con atrasos de entre 90 y 180 días, necesita al menos dos meses para dejar de figurar como moroso. Quienes están en Situación 4, con demoras de entre 180 días y un año, requieren cinco meses, mientras que para la Situación 5, correspondiente a atrasos superiores a un año, el plazo asciende a ocho meses.
Otro indicador seguido por los analistas es la deuda en Situación 2, que reúne créditos con hasta 90 días de atraso y todavía no integra la cartera irregular. Ese ratio descendió a 2,7% en agosto, su menor nivel desde agosto de 2025.
Los picos de deuda en esa categoría anticiparon en ciclos anteriores los máximos posteriores de morosidad. La caída de este segmento, junto con el aumento de las refinanciaciones, abre la posibilidad de una baja futura del indicador, aunque la velocidad dependerá de la recuperación del crédito.
El stock de préstamos en pesos al sector privado, medido en términos reales, se mantenía en agosto prácticamente en el mismo nivel que en julio de 2025, cuando el Gobierno eliminó las Letras Fiscales de Liquidez, conocidas como LEFI. Esa debilidad limita la expansión del financiamiento y condiciona el ritmo de una eventual mejora de la cartera.
Los economistas también advirtieron que resulta difícil anticipar la evolución de las tasas en pesos antes de las elecciones. La tasa implícita en dólares entre los bonos AO27 y AO28 subió hasta 20% anual, una señal que, de persistir, podría presionar al alza las tasas en moneda local.
El nivel de referencia lo fijan las operaciones de pases pasivos del Banco Central de la República Argentina, que pagan 20%.

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