
El mercado argentino de celulares enfrenta subas de precios impulsadas por el encarecimiento global de memorias y semiconductores, un proceso que ya presiona a fabricantes, importadores y consumidores y que amenaza con profundizar la caída de ventas en Argentina durante 2026, pese a la baja de aranceles y de impuestos internos aplicada en los últimos meses.
La contracción ya aparece en los volúmenes: el mercado local terminó 2025 con 6,2 millones de unidades vendidas y para 2026 la previsión apunta a 5,3 millones, mientras que el primer trimestre se ubicó entre los peores de la última década con menos de un millón de equipos comercializados y una caída interanual del 16%.
Ese deterioro convive con un alza de costos que, según fuentes del sector, llevó la cotización de memorias y otros semiconductores a subir entre 150% y 200% en Argentina desde diciembre. El impacto es más fuerte en los teléfonos de entrada de gama, porque allí el peso de esos componentes sobre el costo final es mayor.
En equipos de alrededor de USD 100, la memoria representaba entre 30% y 40% del costo antes de la suba. Ahora, según fuentes del sector, cada chip puede costar entre 130 y 170 dólares, por encima del valor total del propio teléfono.
La consecuencia directa es que el piso de los precios se mueve primero en los equipos más económicos. Las empresas reconocen que los modelos premium pueden absorber mejor el aumento porque incorporan pantallas, cámaras y sensores de mayor valor, que diluyen la incidencia del chip dentro del precio final.
Por eso, los fabricantes ajustan sus estrategias: priorizan modelos con menos RAM, líneas con almacenamiento más acotado y equipos que permiten ampliar capacidad con tarjetas micro USB o servicios en la nube. También evalúan reforzar la oferta de productos premium para sostener márgenes y amortiguar el encarecimiento de los insumos.
Fuentes de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica descartaron una suba inmediata del 30% al consumidor, aunque admitieron que los componentes siguen aumentando y que las listas de precios evolucionan en esa misma dirección. “No hay mucho margen para ajustar hacia arriba”, señalaron fuentes de AFARTE, que advirtieron que un incremento excesivo fortalecería el contrabando y agravaría la debilidad del consumo.
La respuesta central del sector es que no habrá un traslado automático ni uniforme del aumento global al precio en Argentina. La magnitud y el momento de las subas dependerán de la política comercial de cada marca, de la estructura impositiva y de la evolución de la cadena de suministro internacional.
El cuadro local está atado a un cambio de escala global. Según fuentes del sector, este año alrededor del 70% de la fabricación mundial de chips estará orientada a cubrir la demanda de centros de datos, porque la expansión de la infraestructura para inteligencia artificial ofrece mayor rentabilidad a los fabricantes.
Ese redireccionamiento redujo la oferta para la industria electrónica de consumo y encareció los componentes. A eso se suman restricciones en rutas aéreas, aumentos en el precio del petróleo y demoras logísticas, factores que, según un directivo del área de abastecimiento citado en el sector, mantienen a la cadena global de suministro “completa y absolutamente estresada”.
Las consultoras IDC y Counterpoint Research proyectan además una caída histórica en las ventas mundiales de smartphones durante 2026. IDC estima un volumen global de entre 1.100 y 1.200 millones de unidades, el nivel más bajo en más de 10 años, mientras Counterpoint Research prevé un descenso de 12% y IDC calcula una baja cercana al 13%.
De acuerdo con el informe de IDC, a fines de 2025 el mercado global todavía mostraba estabilidad, con una caída marginal del 0,9%. El cambio de escenario se profundizó en los últimos meses por la reasignación de semiconductores hacia infraestructura de IA y por la reconfiguración de las cadenas de suministro.
En Argentina, ese contexto internacional se combina con una demanda interna debilitada y con la competencia del contrabando, dos factores que limitan la posibilidad de aplicar aumentos plenos en el canal formal. Cuanto más suban los precios oficiales, mayor puede ser la brecha con los equipos ingresados de manera irregular.
El Gobierno había reducido los aranceles a la importación de celulares del 16% al 8% y dispuso su eliminación total a partir de enero. También bajó los impuestos internos del 19% al 9,5%, con el objetivo de aumentar la competencia y facilitar una reducción de precios.
Ese alivio tributario no logró trasladarse de forma sostenida al consumidor porque la suba internacional de memorias y semiconductores neutralizó buena parte del efecto. En la práctica, los precios locales apenas se movieron 20% en lo que va del año frente a mayo de 2025, cuando todavía impactaba el costo de los stocks importados bajo el esquema anterior, aunque las fuentes aclaran que, sin ese arrastre, el aumento habría sido mayor.
Las empresas que ensamblan en Tierra del Fuego y las que importan equipos terminados ya aplicaron recortes de producción y ajustes de inventarios. En ese escenario, algunas firmas como Samsung cuentan con una ventaja relativa porque fabrican internamente parte de sus semiconductores, aunque las fuentes del sector coinciden en que la tendencia general seguirá marcada por un encarecimiento sostenido de los insumos y por una recuperación apenas moderada a partir de 2027.

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