
El riesgo país argentino, elaborado por JPMorgan, alcanzó los 532 puntos básicos al cierre de la jornada del jueves 20 de agosto, su nivel más elevado en aproximadamente tres meses. De esta manera, acumuló 13 ruedas consecutivas de subas y un incremento superior al 21% en lo que va del mes.
La magnitud del movimiento obliga a mirar más allá de una explicación exclusivamente externa. Si bien el escenario financiero internacional aportó presión, el comportamiento diferencial de los activos argentinos frente a otros mercados emergentes también refleja una reevaluación específica del riesgo local.
Durante buena parte del año, los bonos argentinos habían conseguido recuperar terreno y comprimir sus rendimientos. La mejora estuvo acompañada por una reducción del riesgo país y por una percepción más favorable de los inversores respecto de la capacidad del Gobierno para sostener el programa económico.
El riesgo país pasó de niveles cercanos a los 400 puntos básicos a superar los 500 y posteriormente los 530 puntos. Según análisis publicados esta semana, el incremento argentino fue considerablemente mayor al registrado por el promedio de otros mercados emergentes, lo que indica que no alcanza con atribuir el movimiento a una simple corrección global.
La consecuencia inmediata es un aumento del rendimiento exigido a los títulos argentinos. En otras palabras, cuando los precios de los bonos caen, los inversores demandan una tasa mayor para mantener exposición a la deuda soberana.
Algunos títulos volvieron así a ofrecer rendimientos de dos dígitos, una situación que para determinados operadores comienza a resultar atractiva desde el punto de vista de la relación entre precio y riesgo, aunque también representa una señal de que el mercado está asignando nuevamente una prima elevada a la deuda argentina.
La corrección de los bonos argentinos coincidió con un escenario financiero internacional más exigente. En Estados Unidos, los rendimientos de los Treasuries volvieron a subir con fuerza. El jueves, la tasa del bono del Tesoro a 10 años llegó a alrededor del 4,70%, mientras que el rendimiento del título a 30 años se ubicó cerca del 5,25%. Wall Street reaccionó negativamente: el Dow Jones cayó 1,31%, el Nasdaq perdió 1% y el S&P 500 retrocedió 0,86%.
El problema para los mercados emergentes es directo. Cuando los activos considerados de menor riesgo ofrecen rendimientos más altos, los inversores tienen menos incentivos para asumir riesgo adicional en países con mayor volatilidad crediticia.
A esto se suma la evolución del petróleo. La persistencia de las tensiones geopolíticas vinculadas con el conflicto entre Estados Unidos e Irán mantuvo al Brent en niveles elevados, alrededor de los 90 dólares por barril o más durante varias jornadas. El encarecimiento de la energía reaviva las expectativas de inflación y, por esa vía, reduce las posibilidades de una rápida flexibilización de las condiciones financieras internacionales.
La situación del mercado de deuda norteamericano adquirió una relevancia adicional luego de que el Tesoro de Estados Unidos anunciara una ampliación de sus operaciones de recompra de bonos. La medida busca mejorar la liquidez y contener la presión sobre las tasas de largo plazo. Sin embargo, generó dudas entre los inversores acerca de cuánto puede modificar una tendencia determinada por factores más estructurales, como el elevado nivel de endeudamiento y el déficit fiscal estadounidense.
El episodio muestra que la tensión no se limita a los mercados emergentes. Los inversores están exigiendo mayores retornos para mantener deuda de largo plazo incluso en las principales economías desarrolladas.
Para Argentina, ese cambio de escenario es particularmente relevante porque el país necesita reducir el costo de financiamiento externo para recuperar un acceso más fluido a los mercados internacionales.
Un elemento que comenzó a aparecer con mayor frecuencia en los análisis de mercado es la incertidumbre política. Algunos especialistas consideran que los inversores están incorporando una prima adicional ante las dudas sobre la evolución de la economía y el escenario político hacia las próximas elecciones.
También existen factores técnicos. Los bonos argentinos habían experimentado una fuerte valorización durante el período anterior y, ante un cambio en las condiciones internacionales, algunos inversores optaron por tomar ganancias o reducir posiciones.
La liquidez relativamente limitada de ciertos títulos argentinos puede amplificar estos movimientos. En mercados con menor profundidad, una cantidad relativamente acotada de órdenes de venta puede provocar variaciones significativas en los precios.
Por eso, una suba del riesgo país no necesariamente significa que haya ocurrido un cambio equivalente en los fundamentos económicos en una sola jornada. Puede reflejar, en parte, una combinación de expectativas, posicionamiento de inversores y condiciones financieras internacionales.
El nivel de reservas internacionales también forma parte del análisis que realizan los inversores sobre la capacidad de Argentina para afrontar sus compromisos externos. Los datos publicados por el Banco Central mostraban reservas internacionales por unos US$49.457 millones al 7 de agosto, aunque se trata de cifras provisorias sujetas a cambios de valuación.

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