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La deuda de Estados Unidos alcanzó una cifra histórica y crece la preocupación en los mercados

El endeudamiento federal alcanzó un nuevo máximo. El aumento del déficit, el costo creciente de los intereses y las mayores tasas exigidas por los inversores configuran un escenario fiscal cada vez más exigente para Washington.

La deuda pública de Estados Unidos superó por primera vez los US$40 billones, US$40,047 billones, según los últimos datos del Departamento del Tesoro, y volvió a colocar la situación fiscal del país en el centro de la atención de los mercados. El nuevo récord llega apenas cinco meses después de que el endeudamiento hubiera alcanzado los US$39 billones y refleja una dinámica que se aceleró durante los últimos años.

El dato corresponde a la deuda federal bruta, que incluye tanto los títulos en manos de inversores como las obligaciones entre organismos y fondos del propio Gobierno. Del total registrado, unos US$32,3 billones corresponden a deuda en manos del público, mientras que aproximadamente US$7,8 billones son tenencias intragubernamentales.

Más allá de la magnitud nominal, el principal foco de preocupación está en la velocidad con la que aumenta el endeudamiento y en el costo que implica sostenerlo. Estados Unidos enfrenta déficits elevados incluso en un contexto de crecimiento económico, mientras que las tasas de interés de largo plazo se mantienen en niveles considerablemente superiores a los de la década pasada.

Una deuda que se duplicó en menos de una década

El volumen actual representa más del doble del registrado cuando Donald Trump asumió por primera vez la presidencia, en enero de 2017, cuando la deuda rondaba los US$19,95 billones. El incremento acumulado responde a una combinación de factores y atraviesa distintas administraciones.

Una parte importante del salto se produjo durante la pandemia de coronavirus, cuando el Gobierno estadounidense recurrió masivamente al endeudamiento para financiar programas de emergencia y sostener la actividad económica. Posteriormente, el déficit continuó siendo elevado por el aumento del gasto público, los programas sociales, el gasto en defensa y el costo de los intereses.

Durante la administración de Joe Biden, la deuda pública aumentó en unos US$8,4 billones. En los dos mandatos de Trump, el incremento acumulado alcanza aproximadamente US$11,6 billones, según datos recopilados por Reuters.

El fenómeno, por lo tanto, no puede atribuirse exclusivamente a una administración. La dificultad estructural radica en que el gasto federal supera de manera persistente los ingresos y obliga al Tesoro a recurrir a nuevas emisiones para cubrir el déficit.

El déficit sigue creciendo

Las cifras presupuestarias muestran que el problema no se limita al stock de deuda acumulado. El Gobierno continúa registrando déficits significativos que requieren nuevas colocaciones de bonos.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyectó a comienzos de año un déficit federal de US$1,9 billones para el ejercicio fiscal 2026, equivalente al 5,8% del Producto Interno Bruto. Para 2036, bajo las leyes y políticas consideradas en esa proyección, el rojo fiscal alcanzaría US$3,1 billones, o 6,7% del PIB.

Los datos más recientes muestran, además, que el desequilibrio se mantiene durante el actual ejercicio. El CBO estimó que el déficit acumulado durante los primeros nueve meses del año fiscal 2026 llegó a US$1,4 billones, US$35.000 millones por encima del mismo período del ejercicio anterior.

El crecimiento de la deuda tiene una consecuencia directa: cuanto mayor es el volumen de bonos pendientes, mayor es la sensibilidad del presupuesto a las tasas de interés.

La CBO calcula que el gasto neto en intereses del Gobierno federal rondará US$1 billón durante 2026 y podría elevarse hasta US$2,1 billones en 2036. En términos del PIB, el costo pasaría del 3,3% al 4,6% durante ese período.

Los mercados empiezan a exigir una mayor compensación

El escenario fiscal coincide con un incremento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, especialmente en los vencimientos largos.

El rendimiento del bono a 30 años llegó recientemente a niveles superiores al 5,3%, máximos que no se observaban desde 2007. El aumento refleja, entre otros factores, las preocupaciones sobre la inflación, el déficit fiscal y la cantidad de deuda que deberá absorber el mercado.

El movimiento es relevante porque los bonos del Tesoro son considerados una referencia para una amplia gama de activos financieros. Cuando aumenta el rendimiento exigido a la deuda estadounidense de largo plazo, también puede elevarse el costo de financiamiento de empresas y hogares.

Las tasas de los créditos hipotecarios, préstamos para automóviles y otros instrumentos de financiación están vinculadas, directa o indirectamente, con las condiciones del mercado de bonos. Por eso, una suba persistente de los rendimientos puede trasladarse desde las cuentas del Gobierno hacia el costo del crédito privado.

El Tesoro busca contener el costo de financiamiento

Ante la presión sobre los bonos de largo plazo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un incremento de las recompras de títulos de deuda estadounidense. La estrategia apunta a mejorar la liquidez del mercado y contribuir a reducir las presiones sobre determinados vencimientos.

En paralelo, el Tesoro mantiene un elevado ritmo de colocaciones. Para el trimestre julio-septiembre de 2026, el Departamento del Tesoro estima un endeudamiento neto de US$739.000 millones en deuda negociable en manos privadas. Para el trimestre siguiente, proyecta otros US$628.000 millones.

El volumen de emisiones es uno de los elementos que los inversores siguen con atención. Una mayor oferta de títulos, si no está acompañada por una demanda equivalente, puede exigir rendimientos más altos para atraer compradores.

El desafío de largo plazo

La CBO considera que la trayectoria fiscal estadounidense no es sostenible bajo sus actuales supuestos. Según sus proyecciones, la deuda federal en manos del público pasaría de alrededor del 101% del PIB en 2026 al 120% en 2036.

El dato adquiere relevancia porque el problema no depende solamente del nivel actual de las tasas. Incluso si los rendimientos bajaran, el volumen de deuda acumulada implica que una parte cada vez mayor del presupuesto quedará comprometida con el servicio de esa deuda.

El escenario tampoco es exclusivo de la actual administración. La acumulación de desequilibrios fiscales es el resultado de decisiones tomadas durante varios gobiernos, aunque las políticas tributarias y de gasto de los últimos años han modificado las proyecciones.

El verdadero desafío para Washington es evitar que la combinación de déficits elevados, crecimiento del endeudamiento y mayores costos financieros genere una dinámica cada vez más difícil de revertir.

Por ahora, Estados Unidos conserva una posición financiera singular por el papel internacional del dólar y por la profundidad y liquidez de su mercado de bonos del Tesoro. Sin embargo, el nuevo récord de deuda funciona como una señal de advertencia sobre un desequilibrio que dejó de ser exclusivamente contable: cada nueva emisión aumenta las obligaciones futuras y reduce, gradualmente, el margen del Gobierno para responder ante una eventual recesión, una crisis financiera o una nueva emergencia.

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